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sábado, 15 de noviembre de 2014

Downton Abbey

He perdido a mi compañero de sillón frente a la tele. He perdido a la persona con la que he compartido, seguido y comentado la mayoría de las series sobre las que os he hablado en este blog. He perdido a mi padre y ya nunca más podré ver Vikings, Black Sails, Juego de Tronos o Homeland sin pensar en él. Y esa es sólo una pequeña parte del vacío que deja. Pero la vida sigue y las series también, y por eso he decidido retomar el blog escribiendo sobre una de sus series favoritas: Downton Abbey. 


El nombre de la serie viene dado por la casa solariega situada en Yorkshire en la que habitan, a principios del siglo XX, la aristocrática familia Crawley y sus criados. A través de sus historias personales, vemos el efecto de los principales eventos históricos en la jerarquía social británica de la época. De hecho la trama comienza en 1912, cuando el futuro heredero de Downton muere en el hundimiento del Titanic. Dado que el actual conde Grantham sólo tiene tres hijas y ningún hijo varón, el nuevo heredero es un joven abogado de clase media, primo lejano del conde. Este cambio en la línea sucesoria no sienta bien ni a la familia ni a los sirvientes de la misma.


Entiendo que a mucha gente se la pueden sudar bastante los dramas de una familia noble de la época eduardiana, sus bailes de sociedad, la relación con sus vasallos o sus problemillas económicos. “Oh, pobrecitos, si esto sigue así van a tener que vivir todos en el pabellón de caza, que tan sólo mide 200 metros cuadrados, ¿cómo se las arreglarán?”. Pero a pesar de que muchas de las situaciones que aparecen pueden parecernos obsoletas o incluso ridículas, la verdad es que acabas encariñándote de los personajes (señores y sirvientes), empatizando con ellos y compartiendo sus alegrías y sus penas. Bueno, la verdad es que por mucho tiempo que pase seguirá sin caerme bien Mary, la hija mayor y protagonista de las principales líneas argumentales de la serie. Pero a lo mejor sólo son manías mías.  


La ambientación es excepcional y los actores hacen un gran trabajo, adecuando su gesticulación y su acento a la clase social a la que pertenecen (vale la pena verla en versión original, como ocurre con casi todas las series british). El guión tiene amor, drama, trasfondo histórico, humor…y todo está cuidado hasta el más mínimo detalle. Por ello no es raro que esta serie se haya llevado varios Emmy: a mejor miniserie, actriz de reparto (impagable Maggie Smith en el papel de la condesa viuda) y dirección. 


Las tres primeras temporadas de este drama británico se emitieron en Antena 3, pero la cuarta ya pasó a emitirse en Nova, y la quinta se estrenó el pasado 5 de noviembre. Es importante recordaros que a partir de la segunda, las temporadas empezaron a rematarse con un episodio especial de navidad que suele mostrar acontecimientos fundamentales para el desarrollo de la trama. Vamos, que son capítulos bomba y jamás podré entender por qué Antena 3 decidió ignorarlos. No sabéis nada, Jones Nieves.


Yo no puedo más que recomendárosla porque para mí siempre será una serie especial, sinónimo de noches en familia. Y aunque mi padre ya no podrá ver la quinta temporada de Downton Abbey, pienso seguir la tradición y sentarme con mi madre frente a la tele para averiguar juntas todo lo que ocurre en la mansión y disfrutar de los pequeños detalles que sabemos que él habría apreciado. 

Gracias por casi 30 temporadas de amor incondicional.

Calificación en IMDb: 8’8

Calificación personal: 9’7

miércoles, 2 de julio de 2014

La muerte llega a Pemberley

Los canales nacionales también sufren en sus carnes la escasez veraniega de series e intentan insuflar vida a sus parrillas con desigual resultado. Antena3, por ejemplo, estrenó ayer esta miniserie de tres capítulos de una hora cada uno (aunque la sensación temporal es como del doble), supongo que con la intención de repetir los éxitos de audiencia obtenidos con otras ficciones de época como “Gran Hotel” o “Downton Abbey”.

Aprovecharé para quejarme amargamente de la torpeza del señor que compra series en esta cadena, puesto que olvidó/obvió/se pasó por el forro el capítulo de navidad que cerraba la tercera temporada de Downton y que, como todos los seguidores de la serie sabemos, es un capítulo doble que resulta fundamental de cara a entender las tramas de la siguiente temporada ¡Eso no se hace! ¡Caca! ¡Señor comprador de series malo!


Pasada la pataleta, os aviso también de que “La muerte llega a Pemberley” (7’2 en IMDb) no le llega ni a la suela del zapato a “Downton Abbey” (8’8 en IMDb). Entiendo que no a todo el mundo tiene por qué interesarle la vida de una familia noble inglesa de principios del  siglo XX, cuyas grandes preocupaciones podían en ocasiones reducirse (como se bromea en “Cómo conocí a vuestra madre”) a quién ganaba o perdía un concurso regional de rosas. Pero los guionistas de Downton consiguen atrapar al espectador y meterlo de lleno en las vidas y problemas de los señores y los sirvientes de esta mansión, mediante estupendos diálogos y atractivos personajes. Cosa que no ocurre en el caso que nos ocupa.

Volviendo a Pemberley, la serie se basa en la novela homónima de P. D. James, famosa escritora de novelas policiacas que también escribió el libro que dio lugar a la película de 2006 “Hijos de los hombres”. La historia se considera una secuela del “Orgullo y Prejuicio”de Jane Austen, pues retoma la vida de la pareja protagonista, los Darcy, seis años después de su enlace (es decir, en 1803). En vísperas de celebrar su famoso baile anual, se produce un asesinato  en sus tierras, y la investigación del mismo sacará a relucir todo tipo de secretos familiares y engaños.


Los usos y costumbres sociales, las diferencias de clase y la casi obligatoriedad de contraer matrimonios concertados, temas recurrentes en la literatura victoriana, siguen estando presentes en este drama. El toque original que aporta la autora es la introducción de misterio y elementos sobrenaturales. Ahora… ¿era esto necesario? Opino que no.

La ambientación está muy cuidada, tanto el vestuario como las localizaciones, cuyos escenarios naturales pertenecen a York (como el jamón. Perdón). Los actores son medianamente conocidos y sus interpretaciones son correctas, pero… ¡ay! No puedo con esa Elizabeth Bennet que en vez de ser carismática y cautivadora parece una vieja con cara de cansada. No es que Keira Knightley, que encarnó a este personaje en 2005, sea santo de mi devoción, pero es que vamos, ¡no hay color!


Total, que si os apetece una revisitación de la obra de Jane Austen casi que mejor os recomiendo que os leáis “Orgullo,Prejuicio y Zombis”, de Seth Grahame-Smith, que al menos no es nada pretencioso y ofrece lo que parece: puro entretenimiento y humor desenfadado.