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martes, 22 de julio de 2014

Silicon Valley

Si Black Mirror nos hablaba de lo peligrosa que podría llegar a ser en el futuro la creciente influencia de la tecnología sobre nuestras vidas, esta serie nos muestra en clave de comedia nada disparatada cómo se vive en la actual cuna de la innovación y las nuevas tecnologías. La HBO pretende que conozcamos de cerca ésta cada vez mayor área de California donde tienen su sede algunas de las compañías que dominan el mundo: Microsoft, Apple, Yahoo, Youtube, Facebook, Google…En este ambiente de gigantes tecnológicos en el cual se mueven millones de dólares cada día, desde el repartidor de pizzas hasta el magnate más tonto creen tener ideas revolucionarias para nuevas aplicaciones móviles.


La historia se centra en Richard, un tímido programador que comparte casa con otros tres amigos en un vivero de empresas cuyo dueño les permite instalarse gratis a cambio del 10% de los beneficios de todo aquello en lo que trabajen con éxito.  Juntos están desarrollando una aplicación musical llamada Pied Piper, la cual es bastante normalita pero contiene un algoritmo de compresión de datos que podría revolucionar internet. Cuando lo descubren, dos empresarios multimillonarios y antiguos enemigos se interesan por su proyecto: uno le ofrece a Richard 10 millones de dólares para quedarse con el producto, y el otro  le ofrece ser su socio y ayudarle a crear su propia empresa. La elección del protagonista y las consecuencias de la misma las iremos conociendo a lo largo de 8 capítulos y al parecer en una futura segunda temporada.


En “el Valle” hay una gran concentración de desarrolladores informáticos y programadores, la mayoría hombres, lo cual se refleja en el elenco de la serie, que sólo cuenta con una mujer en cuya personalidad no se profundiza en absoluto. Los guiños sobre Steve Jobs y otros iconos de hoy en día son continuos. Sin ir más lejos, Hooli, la compañía en la que trabaja el protagonista, está claramente inspirada en Google, con sus instalaciones llenas de color y sus innovadores métodos de trabajo y motivación de empleados. Además, aparecen continuamente gadgets y avances tecnológicos que conocemos pero que sólo forman parte del día a día allí, en el paraíso geek.


No se trata de una comedia friki tan fácil como Big Bang, y quizás por eso haya sido por el momento un poco ignorada en nuestro país, aunque haya recibido un 8’5 en IMDb, tres nominaciones a los Critics' Choice Television Awards y cinco a los Emmy, incluyendo mejor comedia y mejores títulos de crédito iniciales (os adjunto el vídeo). Es cierto que algunas bromas sólo las entenderán los más nerds, pero aunque esta serie al principio no resulte muy atractiva, poco a poco va haciéndose querer, tal y como pasa con los frikis de carne y hueso ;)





miércoles, 16 de julio de 2014

Black Mirror

En mi última entrada os hablé del hype y hoy quiero presentaros otro concepto relativamente nuevo: el concernismo. Este término deriva del vocablo inglés “concern”, preocupación,  y da nombre a una corriente filosófico-artística que propone y analiza posibles futuros cercanos exagerando alguno de los aspectos de la vida contemporánea. Plantea hipótesis escépticas sobre qué haríamos los humanos frente a pequeños cambios del orden establecido. Dentro de esta corriente se encuentra sin duda la miniserie británica Black Mirror, objeto del presente post.


Por el momento consta de dos cortísimas temporadas de tres episodios, lo cual siempre aumenta el impacto sobre el espectador (generalmente, cuantos menos episodios tiene una obra, más fácil es venderla como un acontecimiento). En cada episodio de 45 minutos se denuncia algún aspecto de la sociedad actual, presentándonos como una masa adormecida, poco crítica y adicta al impacto visual.


Tanto el gran nivel de la producción como su enfoque directo de los conflictos consiguen impactar al televidente, y le han servido para obtener un 8’7 en IMDb. Además, a pesar de tratarse de historias independientes, hay cierta conexión entre ambas temporadas, cuyos capítulos se dividen en tres temas distintos aunque interrelacionados: el impacto de los avances tecnológicos en la intimidad y en la política, y la influencia de los realities en la sociedad.


Es complicado hablaros de esta serie sin resumir algunas de sus tramas, pero creo que es preferible que las vayáis descubriendo por vosotros mismos. Sin embargo, no puedo evitar señalar que mi episodio favorito fue el primero de la segunda temporada, Be right back, que de hecho fue el primero que vi y me impactó por su ternura dentro de la desesperación. El resto de episodios por supuesto también valen la pena en mayor o menor medida, pues te llevan a reflexionar, te dejan “mal cuerpo” y eso no es tan fácil de lograr con todo lo que estamos acostumbrados a ver hoy en día.


Yo os la recomiendo porque se trata de una ciencia ficción cercana y más posible de lo que nos gustaría, que nos muestra el lado oscuro de unas vidas dominadas por la tecnología. Precisamente esa sensación de verosimilitud es lo que hace que te enganchen estas tramas independientes entre sí, que navegan continuamente entre el drama y el humor negro; es lo que hace que no despegues los ojos de la pantalla a pesar del mal rollito que se te va apoderando al grito de: “Y si…”